Negros Afrocolombianos

Llegamos y nos quedamos

Históricamente, las luchas de los afrodescendientes surgieron desde el momento que tomaron conciencia de sí mismos a pesar de ser capturados y vendidos. Cuando se compraba o vendía un esclavo, era muy importante conocer su país de origen; ya que no era igual socialmente para el comprador, un afro-lucumí, que un afro-congo o un afro- mandinga, debido a las diferencias culturales que había entre ellos. Incluso no era lícito traer esclavos a América de algunas regiones de África como los afro-yolofes, ya que este grupo era rebelde y no se dejaba someter fácilmente.

     

Estas referencias históricas de la esclavitud en Colombia y de las iniciativas de emancipación se constituyen en los factores sociales, históricos y culturales que silenciaron y permitieron oír la voz de los miembros de este grupo étnico, como un derecho humano ante cualquier institución política del país. Por lo tanto, estos hechos discriminatorios fueron desapareciendo a medida que los grupos afrodescendientes van ganando su libertad; esta barrera incomunicativa se abolió a medida que se constituyeron las primeras agrupaciones étnicas de y para los afrocolombianos.

La abolición de la esclavitud fue tarea larga y penosa, pero debe verse como un asunto político a través del cual se inició un proceso comunicativo entre el Estado y la comunidad afro. Aunque desde 1812 José Félix Restrepo decretó la libertad de vientres, solo fue el 21 de mayo de 1851, cuando el Presidente José Hilario López decretó la libertad definitiva de los esclavos en Colombia.

Una vez expedida la Constitución Política de 1991, la mirada se los colombianos de ancestría africana se centró en el artículo 55 Superior, norma que ordenó la expedición de una ley que hiciera el reconocimiento del derecho al territorio y estableciera mecanismos para protección de la identidad cultural y el fomento del desarrollo económico y social de las comunidades negras afrocolombianas. En cumplimiento de dicho mandato el Congreso de la República, acogiendo las recomendaciones de la Comisión Especial conformada para tal fin, expidió la Ley 70 de 1993.

La población afrocolombiana proviene del tráfico de esclavos africanos que durante la época y la colonia promovió España. Desde el inicio de la implantación del dominio español, las negras y negros traídos como esclavos fueron utilizados como mano de obra no remunerada; esto significó su desconocimiento sociocultural, su sometimiento y su exclusión de la sociedad civil.

Fernando Ortiz, basándose en un pasaje de Pedro Mártyr, sostiene que antes del descubrimiento de América los negros y las negras vinieron a las Indias; en éste se dice que en un lugar llamado Querequa, en el golfo de Darién, halló Vasco Núñez de Balboa una colonia de comunidades negras. Sea válida o falsa la afirmación del pasaje de Pedro Mártyr; aquellas personas que llegaron con los primeros conquistadores desde el siglo XVI oficialmente desembarcaron por Cartagena de Indias, como parte de la trata de los europeos y de contrabando, por otros lugares de la costa pacífica, eran negras y negros africanos que fueron arrancados de sus tierras y fueron transportados y sometidos a un trato infrahumano.

Según Nicolás Castillo, entre 1580 y 1640 el número de esclavos introducidos por Cartagena sumó un total de 169.371 y posteriormente, esto aumentó cuando llegó el contrabando de los holandeses desde Curazao y de los ingleses desde Jamaica, hecho que se inició a mediados del siglo XVII.

El contacto cultural de Europa con África a partir del siglo XV, se hizo bajo una concepción prejuiciada en donde el “blanco” europeo representaba al colonizador “civilizado” y “desarrollado”; mientras que el “negro” colonizado representaba al “cafre incivilizado”, es decir, un no humano. Esta premisa introducida por los europeos marcó para siempre el futuro de un grupo étnico que con un estadio de desarrollo basado en el aprovechamiento sostenible de sus recursos naturales, no conocía ni las armas de fuego, ni la maquina utensilio como mecanismo de guerra.

Las personas negras, en una tierra extraña y enfrentada a una cultura diferente, se halló en una condición social que le significó el desarraigo, el desconocimiento y la incomunicación con los más de sus integrantes. La esclavitud la obligó a vivir sin patria, sin familia y sin su sociedad, existir alejada de su medio natural y cultural. Fue sometida por una cultura que se creía “superior” y a una civilización que omitía su humanidad.

Los prisioneros africanos fueron sometidos a un trabajo rudo, violento y sin descanso, al cual no estaban acostumbrados. Solo cuando el nativo de África logró su libertad fue que empezó a ser reconocido socialmente, pero no culturalmente.

Durante los viajes a América los esclavos debieron valerse de conocimientos adquiridos de su entorno para poder llegar con vida. En este terrible trayecto, las víctimas debieron apelar a decisiones propias y acciones conjuntas para aliviar y curar las humillaciones, dolencias físicas y espirituales a las que eran sometidos por parte de los españoles.

A pesar de los maltratos, las personas de origen africano no perdieron su memoria cultural y dejaron de comportarse como una comunidad; sentimiento que a la vez ni la violencia generada en el país y mucho menos, la invisibilidad por parte de los gobiernos de turno, han logrado debilitar, gracias a sus ganas de vivir como grupo étnico. Estos sentimientos colectivos que busca a través de la promoción y comunicación de la cultura de los negros afrodescendientes a todo el país, hacer un aporte a la configuración de Colombia como un país pluri-étnico y multicultural.

A finales del siglo XV y según la historia contada por los europeos, las africanas y africanos iniciaron sus contactos con América en condiciones de esclavizados, condiciones que jamás quisieron aceptar. Esto lo demuestran las referencias del propio esclavista, cuando relata que muchos se arrojaban al mar antes de llegar a los destinos desconocidos, y otros, una vez en tierra, se escapaban de los sitios asignados. La fuga era el ideal del prisionero esclavizado, porque significaba la libertad temporal. En las maniguas y vírgenes bosques, los africanos protegidos por la lujuriosa flora tropical, conseguían a menudo hacerse libres de hecho; entonces eran llamados cimarrones. En algunos casos los esperaba la muerte y en otras ocasiones, lograban llegar con vida a un nuevo espacio incomunicado con el sistema.

El ejemplo más conocido de la historia lo generó un rey: Benkos Bioho, quien fue introducido con engaños en estos territorios a finales del siglo XV, y quien a comienzos de un nuevo centenario, aprovechando un viaje por el mar, combatió y venció a los esclavistas, tomó el buque y desembarcó en una tierra en lo que se denominaba La Cienaga de la Matuna.

La libertad de los cimarrones permitió a las y los negros afrocolombianos generar sus propios espacios y sus particulares maneras de comunicarse; estas formas de comunicación surgieron a partir de la adaptación al entorno natural de su hábitat.

Estas referencias históricas de la esclavitud en Colombia y de las iniciativas de emancipación se constituyen en los factores sociales, históricos y culturales que silenciaron y permitieron oír la voz de los miembros de este grupo étnico, como un derecho humano ante cualquier institución política del país. Por lo tanto, estos hechos discriminatorios fueron desapareciendo a medida que los grupos afrodescendientes van ganando su libertad; esta barrera incomunicativa se abolió a medida que se constituyeron las primeras agrupaciones étnicas de y para los afrocolombianos.