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BARULEPolonia la negra líder de Malambo; Barule de esclavo a soberano de Tadó; Benkos Bioho, el guerrero rey africano. Detrás de los próceres hubo otros protagonistas de episodios clave, que antecedieron o impulsaron la independencia. Estas son sus historias.

Polonia, la negra líder de Malambo

En 1581, organizó en Malambo (Bolívar) un grupo de 150 palenqueras que derrotó al capitán Pedro Ordóñez Ceballos.Tras el enfrentamiento, pactó la paz a cambio de tierras y de la libertad de su ‘ejército’. Pero Ordóñez violó el pacto y le tendió una trampa. Los historiadores la identifican como uno de los símbolos patrios de la mujer afrodescendiente en la lucha popular.

Diez hombres

Barule, de esclavo a soberano de Tadó

En 1728, este esclavo negro lideró la gran insurrección en el Chocó, con 120 cimarrones, que mataron a un esclavista y a 14 españoles que los maltrataban. Tras dominar la zona, fue proclamado rey del palenque de Tadó y estructuró gobierno y ejército. El 18 de febrero de 1728, se enfrentó a los españoles y fue derrotado. Su valiente historia terminó un día después, cuando lo fusilaron.

Benkos, el guerrero rey africano

Según testimonios históricos, Benkos Bioho fue un rey africano que llegó a Cartagena, en 1596, como esclavo. Huyó y organizó un ejército con el que dominó parte de la sierra María (Bolívar), defendió los derechos de los africanos y de sus descendientes y planeaba tomarse Cartagena para, desde allí, volver al África con toda su familia.
En 1605, logró que el gobernador de Cartagena, Gerónimo Suazo, reconociera la autonomía del palenque de la Matuna. En 1621, fue descuartizado.

José María Carbonell, el agitador

Este criollo, de familia pobre y gran pluma de la Expedición Botánica, es recordado por el rol decisivo que cumplió la tarde del 20 de julio de 1810. Él fue quien se encargó de ‘reclutar’ gente en las goteras de la ciudad y de agitarla para exigirle al virrey, Amar y Borbón, convocar al cabildo abierto.
Tras lograrlo, lo comisionaron para anunciar la buena nueva. Firmó el Acta de Independencia, fue capitán de milicias, contador y tesorero. Murió ahorcado por los españoles el 19 de junio de 1816.

El orador, José Acevedo y Gómez

Acudiendo a su verbo, el llamado ‘Tribuno del Pueblo’ arengó a los santafereños ese 20 de julio con 35 históricas palabras: “Si perdéis estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de 12 horas seréis tratados como insurgentes: ved los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan”.
Luego, ocupó cargos de gobierno en la llamada Patria Boba. Pero al empezar la Reconquista, tuvo que huir hacia el Caquetá, en donde murió.

Inocencio Chincá, el bravo llanero

Se presentó como voluntario en el Ejército Libertador y fue elegido entre los 150 jinetes que cruzaron el río Arauca y lanzaron una legendaria ofensiva militar. Por eso, en abril de 1819, Bolívar le otorgó la ‘Orden de los Libertadores’ y el rango de sargento segundo.
En la Batalla del pantano de Vargas, el bravo llanero mató al capitán español Ramón Bedoya. Pero quedó gravemente herido y murió tres días después. En su honor, la Escuela Militar de Suboficiales lleva su nombre.

Villavicencio, valiente ecuatoriano

En 1804, Antonio Villavicencio conoció a los criollos que iban a Europa en busca de apoyo para la revolución. Y aunque, en 1810, fue nombrado por España comisario regio de Nueva Granada, el 20 de julio frenó funciones y se convirtió en patriota.
En 1813, comandó un batallón en la Campaña del Sur y luego fue nombrado asesor militar y gobernador de Tunja. Pero Morillo lo juzgó por sus actos revolucionarios y el 6 de junio de 1816, Villavicencio subió al patíbulo para cumplir su sentencia.

Antonio Morales, ejecutor perfecto

Él y su hermano hacían parte de la junta de notables que planeó el grito de Independencia y se ofrecieron para provocar el incidente con el comerciante español José González Llorente. El plan era agredir al español si se negaba a prestar el florero para decorar la mesa de un banquete en honor a Antonio Villavicencio.
Y si lo prestaba, debían agredirlo por saludar a un chapetón, Francisco José de Caldas, quien tenía la misión de pasar frente al local de Llorente. Todo salió perfecto.

Rosillo, el canónigo rebelde

En 1802, el canónigo Andrés María Rosillo y Meruelo era rector del Mayor del Rosario y un activo conspirador. Organizaba y asistía a reuniones secretas con patriotas y difundía ideas libertarias. Pero fue delatado y encarcelado. Recuperó su libertad el 21 de julio y luego, en una polémica decisión, fue designado obispo y diputado del Socorro.
Años después, Morillo lo envió a una cárcel en España. En 1820, regresó y fue nombrado deán por la Gran Colombia. Murió en 1835, a los 67 años.

El teniente Baraya, un militar puro

Antonio Baraya pertenecía al ejército del rey. Pero, el 20 de julio, él y sus hombres se pusieron al servicio de la causa patriota, dando origen a las milicias republicanas. El 23 de julio, se creó el batallón Voluntarios de la Guardia Nacional y él fue nombrado su comandante. Con este, derrotó a los españoles en la batalla de Palacé.
Debido al contundente triunfo, recibió el título de brigadier. Más tarde, se pasó a las fuerzas federalistas. Baraya fue fusilado, por orden de Murillo, a los 46 años.

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